
Es sabido que los peritos contables que intervinieron en el peritaje de la causa, serán intervenidos por la Corte Suprema de Justicia. Dicha intervención, supone el desplazamiento "tardío" de su cargo, del actual titular del Cuerpo de Peritos Contadores de la Corte, Alfredo Peralta, de 73 años, sujeto de conocidos peritajes "irregulares" y uno de los autores del actual y polémico peritaje, cuyo informe, determinó que el juez Oyarbide, juez interviniente en dicha causa, resuelva sobreseer a Néstor y a Cristina Kirchner. Con el cierre de esta causa, hecho que resultó altamente conveniente para el matrimonio Kirchner, queda el matrimonio -por ahora- liberado de las rejas. Con números artificiales y con una deficitaria investigación, los Kirchner evitan la prisión. ¿Por qué el juez Oyarbide cierra esta causa, tan rápido, sin investigar a fondo? Por qué sabiendo que el perito contable ya estaba observado por los jueces de la Corte, igualmente se lo avala en su función para ser el encargado de realizar el peritaje? Esto demuestra que la corrupción en la Argentina, no es exclusiva de la pareja presidencial, sino que es extensiva e incluye a jueces y peritos. No escapan a la corrupción sindicalistas, políticos y varios periodistas cómplices. Esto coloca a la Argentina en medio de un caos sin límites y al margen de la ley. Al mismo tiempo, hay un agravante que es preciso destacar. La sociedad argentina que si bien se ha expresado mayoritariamente en contra de los Kirchner en la votación legislativa del 28 de junio del 2009 manifiesta una enorme dificultad para decir "no", para prohibir a los Kirchner, que sigan haciendo estragos. A la hora de combatir la corrupción, prefiere quedarse, cómoda, en su supuesta impotencia y en el exilio de la acción. Son pocos, muy pocos, quienes se ponen los pantalones y se arremangan para decir "no a la corrupción" y a los hechos aberrantes del régimen kirchnerista, de Néstor y Cristina Kirchner, que ha condenado a la Argentina a un humillante derrumbe y un vergonzoso retroceso.Todo parece indicar que la corrupción ha pasado a ser una condición intrínseca en la vida de todos los argentinos.
Cabe una pregunta entonces: ¿Tendremos el gobierno que nos merecemos? o ¿aquél que más se nos parece?