
Cuando el periodista Jorge Fontevecchia realiza alguna nota sobre Elisa Carrió, o escribe un artículo en relación a la persona, o a la función de esta líder política, este periodista, manifiesta en las historias narradas, como en su relación con Carrió, los signos de la envidia. La lectura de sus notas revela, además, que este señor expresa -a veces más sutilmente y otras con total desparpajo-, una animosidad especial en atacar a Carrió; como si con cada palabra suya, él intentara -sin éxito- restringirle la existencia a esta mujer, privarla de su potencia, o quitarle algo de su fuerza. Invalidarla y defenestrarla.
Qué motivaciones conducirán -al amarillista Fontevecchia- al ejercicio de tan lamentable práctica? Tal vez, su ambición de éxito y de dinero, o su condición de chusma y charlatán?
Lo cierto, es que cada vez que él se refiere a Carrió -de este modo escandaloso-, desciende como periodista, reduce sensiblemente su alcance, y en consecuencia, se degrada en su labor profesional. Su caballerosidad y su rol periodístico, quedan ambos, altamente empobrecidos -al insistir él-, con calumnias y bajezas. Todo pareciera indicar que Fontevecchia prefiere anudarse y al mismo tiempo vincularse, con mayor proximidad, a la "vecchia" que hay en él -marca personal- por la cual parece optar, a la hora de escribir sobre Elisa Carrió. Qué distinto sería el escenario, si en la escena, el citado periodista, se decidiera a desplegar, el sublime lugar de la "fonte" -marca personal - que también habita en él. Pero, según parece, a la hora de intentar derribar a Elisa Carrió, el Sr. Fonte-vecchia, prefiere encarnarse e intervenir desde el lugar de una "vecchia" descalificante y retorcida, descartando, de este modo, la potencialidad de una escritura, que portase el sesgo de una " fonte" sublime e ilustre. Fontevecchia se aleja, de este modo, del territorio de un periodismo profundo, serio y fecundo.
Elisa Carrió no desconoce este punto. Sabe -que las marcas de la envidia- sólo quedan en el envidioso. Nunca en el envidiado. Tampoco desconoce, que en las tragedias que Fontevecchia amenaza ver en ella, este señor -quizás sin saberlo él- por sus propias cegueras, no hace otra cosa que poner al descubierto, sus propias tragedias. A Fontevecchia le resulta imposible ver -con precisión- lo que que sin embargo se ofrece con elocuente evidencia, a los ojos del avezado lector.
Elisa Carrió no desconoce este punto. Sabe -que las marcas de la envidia- sólo quedan en el envidioso. Nunca en el envidiado. Tampoco desconoce, que en las tragedias que Fontevecchia amenaza ver en ella, este señor -quizás sin saberlo él- por sus propias cegueras, no hace otra cosa que poner al descubierto, sus propias tragedias. A Fontevecchia le resulta imposible ver -con precisión- lo que que sin embargo se ofrece con elocuente evidencia, a los ojos del avezado lector.