
La función de Oyarbide -como juez federal- sólo puede ser abordada y evaluada a través de su práctica profesional y por los efectos que ésta ejerce sobre los casos que investiga. Ahora bien, Oyarbide -y los argentinos lo hemos visto en reiteradas ocasiones- no tiene autoridad moral para juzgar a nadie. Encarna su función deficitariamente y de modo ilegal. Oyarbide, es el integrante de una asociación ilícita compuesta por él, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y el contador de los Kirchner. Además, se lo conoce como una persona que protege y ampara la presencia y continuidad de prostíbulos. Uno de esos prostíbulos- conocido con el nombre "Spartacus"- es el prostíbulo donde este juez ha sido filmado -disfrazado de gladiador- en compañía de otros hombres. No es la preferencia sexual del Juez Oyarbide lo que concierne y preocupa a los argentinos. La homosexualidad no es un delito. Sí lo es, amparar prostíbulos y ocupar el lugar de socio fraudulento de los Kirchner; a tal punto de cerrar la causa por "enriquecimiento ilícito" de éstos, sin una adecuada investigación. Un juez que debiera poder hacer buen ejercicio en su función de sancionar y juzgar los delitos -en cambio-, los propicia. No garantiza la verdad. De este modo, el juez Oyarbide -al descentrarse de su función-, priva a los argentinos de una adecuada transmisión legal y enseña a operar por fuera de la ley. Este juez que no respeta la Constitución, que se sostiene en la transgresión y que ha preferido elegir comportarse como una marioneta del matrimonio Kirchner, no está a la altura de la función que su cargo le impone.
Este juez, en consecuencia, debiera ser condenado e -ir preso- como resultado de su impericia, delincuencia e inescrupulosa insensatez.