20 enero 2011




Cristina Kirchner debería respetar la ley y honrar la investidura presidencial.
Esta señora no debería olvidar que hay personas -formadas en diplomacia- quienes, por su formación y aptitud, son quienes deberían ocupar el lugar que la presidenta hoy pretende de modo -arbitrario y antojadizo- para su hija Florencia; devenida hoy: acompañante -inexperta e improvisada- en la gira presidencial a Medio Oriente.

El tema central no es el debate que en estos días se dirimía, en algunos medios periodísticos, en relación a si Florencia Kirchner -la hija de la presidenta- es fea o linda. Lo feo es el grave desvío de Cristina Kirchner.
También es feo y grave que Florencia Kirchner no pueda decir NO a las manipulaciones de su madre y prefiera sentirse tentada a ocupar el lugar que su padre -Néstor Kirchner- al morir antes de tiempo, dejó vacío.

Una vez más -las "faltas" del padre- reaparecen en la familia Kirchner y se anticipan marcadamente en su hija: Florencia Kirchner.