
Cómo pretenden otorgar el premio Nobel de la paz a esta señora que, con pérfidas maniobras, propicia la crueldad y la tortura en Argentina?
Esta señora -Estela de Carlotto- quien supo en otros tiempos concebir la vida como sagrada, intocable y un bien que debía preservarse y que, además, fueron estos principios, los que la movieron en su lucha por la defensa de los Derechos Humanos; es la misma señora que hoy -sin códigos y sin normas- posibilita y promueve prácticas aberrantes en la Argentina, que intentan como único fin, el sometimiento humano de personas inocentes. Con sus prácticas, Carlotto intenta despojar a víctimas inocentes de subjetividad, humanidad e intimidad. Intenta convertir a estas personas en restos humanos. Las incrimina y averguenza en público. No existe inocencia en el proceder de Carlotto. Tampoco existe ignorancia. Deliberadamente, ella equipara sus conductas vejatorias, a conductas justas y reparadoras. Justifica su escandalosa actuación, con mentiras. Carlotto, hoy persigue a -Marcela y Felipe-, los hijos de la directora del diario Clarín y actual enemigo del ex presidente Néstor Kirchner. Carlotto, para preservar los múltiples beneficios económicos que le brinda el actual gobierno oficialista de los Kirchner, y para mantener el status quo de la Asociación -que ella lidera y pertenece- la de Abuelas de Plaza de Mayo, buscará -sea como sea- ofrecerle a -Marcela y Felipe- como un donativo, una ofrenda personal a Néstor Kirchner. Carlotto busca ayudar a Néstor Kirchner, para que él siga su camino de destrucción a Ernestina de Noble. Por eso, es que Carlotto ha decido de un modo fraudulento y -con un espíritu impostor- convertirse en juez, y desde ese lugar -condenar y sentenciar-, con total impunidad, a Marcela y a Felipe. Justifica la impudicia de su actuar, colocándose a sí misma, en el lugar del bien. Autoproclamándose buena, coloca a los otros, en el lugar del mal. Por eso, Carlotto se muestra entusiasta y acompaña la operatoria en la cual -Marcela y Felipe- son flagelados y humillados -física y psíquicamente-, como ha ocurrido en los lamentables episodios de estos días, cuando el domicilio particular de estos jóvenes inocentes, fue allanado violentamente y, en consecuencia, los jóvenes debieron someterse a actos de una gran vileza, crueldad e infamia. Estos actos, que Carlotto ha apoyado públicamente, -debido a su rencor, resentimiento y deseo sádico-, han trascendido y son de público conocimiento nacional e internacional. Pero que estos actos obscenos, llevados a cabo por Carlotto, de obligar al otro, a pasar por el horror, de pretender sacarle todo, -de someterlo y torturarlo- para que, reduciéndolo al lugar de despojo, soporte lo que ya es imposible tolerar; sean de público conocimiento, no alcanza. Es insuficiente. Carlotto, tendrá que cargar con la responsabilidad que le cabe -por respaldar- semejante práctica aberrante.
Los argentinos repudiamos el perverso modus operandi de esta señora, sin ley ni amor para dar. Su perversidad radica en que ella afirma ser víctima, cuando en realidad es la abusadora. Con Estela de Carlotto, los argentinos, finalmente comprendemos que el lugar del torturador y de la víctima, pueden ser intercambiables. La opinión internacional debiera entonces, condenar el actuar de la señora Estela de Carlotto, privándola del premio que ella espera a toda costa ganar, porque cuando el torturado se convierte en torturador, no se trabaja por la paz sino por la venganza.